UPyD en Madrid-2011: ser o no ser

José Antonio Zarzalejos, El confidencial

Ya sabemos que Tomás Gómez será el candidato socialista a la Comunidad de Madrid frente a Esperanza Aguirre. Pero, la partida del poder autonómico en la primera región española por renta per cápita y que alberga la capital del país no es un mano a mano entre los dos grandes partidos. En el terreno de juego concurren cuatro actores. Y uno de ellos representa una incógnita. UPyD, el partido de Rosa Díez, aspira a sentarse en la Asamblea de Vallecas y en el Palacio de Cibeles. Precisamente para dejar de ser sólo el partido de la política vasca y convertirse en Unión, Progreso y Democracia, una formación política con un futuro electoral viable. Y en eso están. UPyD logró superar la barrera del 5% de votos en las elecciones europeas de junio de 2009: alcanzó 156.839 votos en la Comunidad, lo que representó el 6,85% de los votantes. Si el nivel de abstención se mantiene y el partido de Díez repite esos resultados -aunque aspira a más- se sentará en el Parlamento autonómico y en el Ayuntamiento madrileño y quedaría a sólo un 2% de Izquierda Unida, que obtuvo el 8,5% de los sufragios en los últimos comicios autonómicos. Con esa cifra de voto, UPyD lograría entre 5 y 7 escaños en el legislativo y 4 concejales en el municipio. Es decir, que el partido de Rosa Díez podría convertirse en el árbitro de la situación si con su tirón electoral coadyuva a que la izquierda arrebate la mayoría absoluta al PP.

Los candidatos más previsibles de UPyD -a reserva de las primarias que celebrará la formación este mismo mes- serán el ex socialista Luis de Velasco para la Comunidad, y David Ortega para el Ayuntamiento. El primero es un hombre alejado de la política en los últimos años después de desempeñar una secretaría de Estado en los Gobiernos de Felipe González. Y el segundo -David Ortega- es profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Rey Juan Carlos, centro del que durante ocho años fue vicerrector. Los dos candidatos tienen cuerpo intelectual y trayectoria  profesional. Y con medios limitados van a poner toda la carne en el asador. Los resultados mínimos que prevén -en una campaña que se polarizará de manera extrema- son los obtenidos en las europeas de 2009, pero sus encuestas apuntan que pueden superar esas cifras y abrirse paso con más fuerza tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. El objetivo confesado es que UPyD sea la tercera fuerza política de Madrid por delante de Izquierda Unida.

Si el 22 de mayo, la otra lideresa no confirma estas expectativas mínimas, el horizonte de UPyD como partido nacional declinará

Siendo realistas, a UPyD le bastaría superar el umbral del 5% y disponer de presencia en las instituciones madrileñas. Le va en ello el ser o no ser. La formación no puede por mucho más tiempo mantener la identificación, casi hipostática, entre el partido y su fundadora, Rosa Díez. De manera que si el 22 de mayo, la otra lideresa no confirma estas expectativas mínimas, el horizonte de UPyD como partido nacional declinará. Es preciso que el entramado organizativo trascienda a Díez y aparezcan nuevas figuras que diversifiquen la visibilidad del partido que ahora ha colocado a la propia Rosa Díez en el Congreso y al catedrático Francisco Sosa Wagner en el Parlamento europeo como representaciones más notorias de su implantación institucional.

¿A quién apoyaría UPyD en caso de disponer de fuerza arbitral en Madrid?, ¿a Tomás Gómez o a Esperanza Aguirre? Los dirigentes son remisos a abrirse de capa. Sostienen que son “transversales” y que han votado con éstos y con aquellos en función de los temas y las coyunturas. Pero -aunque no lo expliciten- UPyD daría su voto al partido que les garantizase una ley electoral nacional que corrigiese la disfunción que también afecta a IU, según la cual con centenares de miles de votos se obtiene un escaño y con menos de trescientos mil, hasta seis, caso del PNV. Otras voces en el entorno de UPyD aseguran que ofrecerían su voto “al partido que ganase las elecciones”, es decir, al PP que -con o sin mayoría absoluta- resultaría vencedor en la contienda.

El 22 de mayo desafía también a Cayo Lara, elegido coordinador general de Izquierda Unida en diciembre de 2008. Las autonómicas madrileñas constituyen su primara cita con las urnas al margen de la europeas. En un contexto de grave crisis económica tendría sentido que el voto a IU aumentase, más aún con un líder procedente del PCE y fuertemente apoyado por las organizaciones sindicales que, además, podría recoger el sufragio enrabietado de muchos ciudadanos hartos del convencionalismo estéril del bipartidismo que sempiternamente se produce en la comunidad madrileña. También Izquierda Unida -y con razón- aspira a que el sistema electoral nacional sea más ecuánime y deje de primar de manera desorbitada a los partidos nacionalistas. Tanto IU como UPyD están claramente penalizados por un sistema electoral proporcional que arroja resultados absurdos y materialmente injustos porque se produce una enorme falta de correspondencia entre el número de votos obtenidos en el conjunto de España y el de diputados en el Congreso. A IU le ocurre en las autonómicas -al menos en Madrid- lo que a UPyD: se juega el ser o no ser en su proyección futura, aunque este dilema hamletiano sea más perentorio para el partido de Rosa Díez que para la coalición de Cayo Lara.

Al margen de otras consideraciones, UPyD necesita que se quiebre la endogamia y el seguidismo de muchos medios de comunicación (increíble que no se haya informado sobre el potente estudio que ha elaborado sobre el coste de las Entidades Locales, presentado por Rosa Díez esta semana); que se articule por los candidatos un discurso claro en cuanto a sus objetivos prioritarios y se encauce su vocación transversal para que no pueda entenderse como oportunismo o desconcierto. Luis de Velasco y David Ortega son dos buenos nombres con dos reconocidas trayectorias. Les falta notoriedad y soporte mediático. Si lo obtuviesen, y por polarizada que se desarrolle la campaña, obtendrían como mínimo los resultados de las europeas de 2009. Si fracasan el 22 de mayo, engullido UPyD por el PSOE y el PP, la iniciativa alentada por Rosa Díez tendría un futuro muy problemático, e iría, quizás, hacia la desaparición

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