Zapatero versus Gallardón: la imagen de dos fracasos

Publicado en El Imparcial el 20 de octubre de 2010

“Una imagen vale más que mil palabras”, nos recuerda el sabio refranero castellano. La verdad es que el desfile del 12 de octubre nos dejó una imagen -la de la discusión entre Gallardón y Zapatero- que merece un análisis algo detallado y de fondo. ¿Qué representan ambos políticos? Más allá de estrategias político-mediáticas y comentarios meramente descriptivos, creo que en última instancia la imagen refleja la frustración de dos políticos que en sus respectivos ámbitos de responsabilidad -estatal y local- han fracasado de manera importante y acaban por echarse los trastos mutuamente. Pero la realidad es que ambos son los últimos y principales responsables de sus respectivos ejecutivos, y ambos están claramente contra las cuerdas posiblemente por las políticas profundamente erráticas que ellos han decidido.

Comencemos con Zapatero. A los nefastos números económicos por todos conocidos en déficit, endeudamiento, paro, falta de productividad o educación, hay que señalar su falta de política de Estado al no abordar uno de los principales problemas estructurales e institucionales de España: su insostenible organización territorial. Ya es vox populi que el actual estado de las autonomías no se sostiene, que hay que controlarlo y racionalizarlo siguiendo unos sensatos criterios de eficacia y eficiencia, evitando las duplicidades, solapamientos, descoordinaciones y gastos superfluos que caracterizan a nuestro Estado autonómico, muy por encima del local y de la Administración General del Estado, amén de los problemas de corrupción y clientelismo -colocación a dedo, entre otras prácticas- que padecemos. En estos 6 años no ha afrontado la necesaria distribución de competencias entre las tres administraciones del Estado (General, autonómica y local) y la correspondiente financiación de las mismas, según los criterios de equilibrio presupuestario, suficiencia financiera y corresponsabilidad fiscal. Esa falta de claridad en nuestro panorama competencial posibilita, entre otras cosas, la aparición de las llamadas competencias impropias, foco de tantos problemas especialmente para los entes locales. Este es un problema que solo puede pilotar el Gobierno de España, con el mayoritario respaldo de nuestras Cámaras. Pero mucho me temo que estamos avanzando por la senda contraria, siguiendo el PSOE las pautas que les marca un partido con tanto sentido de Estado y que vela tanto por el interés de los 46 millones de españoles como el PNV. Sin comentarios.

Sigamos con Gallardón. Es verdad que corresponde a Zapatero, desde el Gobierno de la Nación el diseño de una política territorial sostenible y eficiente, pero evidentemente eso no es excusa para presentar el Ayuntamiento, de largo, más endeudado y peor gestionado de España. Zapatero y Gallardón son dos caras de la misma moneda: el de la irresponsabilidad, la mala gestión, el electoralismo y el empobrecimiento de sus gobernados, los datos están ahí. En 2004 el Ayuntamiento de Madrid no tenía, ni de largo, la lamentable situación económico-financiera que presenta hoy. La gestión de Gallardón ha multiplicado por 5 la deuda de cada madrileño y él solo debe casi un euro de cada tres de todos los municipios de España. Los madrileños no tienen mejores servicios sociales en guarderías o asistencia a los mayores. Los jóvenes, por ejemplo, para su principal problema que es la vivienda, de las 4.000 viviendas proyectadas en este mandato para alquiler del programa “PLAN ALQUILA”, sólo se han adjudicado 56, un 1,4%. Mientras tanto 124 millones de euros nos cuesta al año la rehabilitación innecesaria del Palacio de Correos, por no hablar de los 134 coches oficiales, 5,5 millones gastados en publicidad institucional -o autobombo- o el alarmante aumento de puesto de libre designación y personal de confianza en el ayuntamiento.

No les falta razón a los españoles cuando en las encuestas del CIS señalan a nuestros políticos actuales como el tercer problema que tenemos. Creo sinceramente que la única vía práctica y realista de afrontar esta situación es trabajar en una nueva concepción de la política, basada en la “honestidad” y la “responsabilidad”. Luego vendrá lógicamente la preparación y el trabajo, pero si se falla en estos dos pilares, no nos engañemos, poco o nada tenemos que hacer.

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